15 sept. 2013

Interrail 2012: Día 4 (parte I)

♣DÍA 4 (PARTE I): PRAGA♣
Una búsqueda de tickets y varias amenazas en checo

Amanece en Praga, esta vez no madrugamos tanto como los días anteriores. Ha llovido durante la noche, lo que nos imposibilita sacar el desayuno a la terraza y tomarlo allí. Así que acabamos el poco batido que nos queda y vaciamos el último paquete de galletas Príncipe antes de recoger todos los bártulos y bajar a recepción para pagar las dos noches que hemos pasado allí. Nos permiten dejar el equipaje en la consigna, les decimos que al mediodía volveremos a por él.

Vistas desde la habitación



El castillo se encuentra en lo alto de una colina y desde nuestro albergue la caminata es de aproximadamente veinte minutos, si contamos el tiempo perdido por no coger el camino más directo. Con la esperanza de que no llueva, llegamos a las puertas del castillo un poco perdidas. Sabemos que es necesario pagar para acceder a ciertas partes del mismo, pero por mucho que buscamos una taquilla donde comprar los tickets no conseguimos dar con ella, más tarde descubriremos que se adquieren dentro del castillo.

Puerta del castillo y guardia real
Lo primero que vemos es la Catedral de San Vito, ésa que se ve desde prácticamente todos los puntos de la ciudad. Es enorme, por lo que pasamos un buen rato intentando sacar una foto en la que apareciese la fachada frontal entera, más o menos acabamos lográndolo. Como el puesto para comprar tickets sigue sin dignarse a aparecer, entramos a la catedral para verla por dentro. Parece haber una excursión de jubilados o algo, aquello está repleto de curiosos señores que van mirando las vidrieras en su mundo y chocándose con todo ser viviente.

Catedral de San Vito
Interior de la catedral
Salimos de nuevo a la calle y esta vez buscamos el Callejón del Oro, famoso entre otras cosas por servir de residencia al escritor checo Franz Kafka. Como es de imaginar, no tenemos ni idea de checo, ni siquiera se nos ha ocurrido comprar un mini-diccionario, así que la conversación con los guardas ya os la podéis imaginar. Nos indican con gestos hacia dónde ir y siguiendo sus explicaciones conseguimos dar con la entrada al callejón, tras pasar por varios otros lugares cuyos nombres desconozco. Resulta que los billetes se compran en la entrada del callejón, en una pequeña tienda de souvenirs. Reunimos las pocas coronas que nos quedan para pagar los tickets (125CZK por persona por ser estudiantes, 5€ aproximadamente). Los nuestros solo son válidos para la visita corta, creo recordar que incluye el Callejón del Oro, el Antiguo Palacio Real y la Basílica de San Jorge. Existen otros tipos de billetes que dan acceso a más zonas del recinto, he aquí la web oficial en inglés: http://www.hrad.cz/e...n/tickets.shtml

Mientras compramos las entradas uno de los vigilantes no para de seguirnos, tenemos cara de sospechosas al parecer. Le entregamos nuestros billetes y entramos al callejón, consiste en una pequeña calle con casitas de colores. En la casa número 22 fue donde vivió Kafka, y hoy en día, cosa rara, hay una tienda de souvenirs dentro. Nos quedamos mirando el escaparate, y de repente se nos acerca la dependienta intentando convencernos para entrar y mirar los libros que tenía. Suponemos que al tratarse de la vivienda original del escritor los libros valdrán un pastón, así que entramos a la tienda con la firme idea de no comprar nada, pero como somos fáciles de engañar (por no decir compradoras compulsivas) con este tipo de cosas, acabamos cayendo. Salimos de la tienda ilusionadas con los libros, ahora tengo un ejemplar de “A Country Doctor” con un sello que acredita que lo compré en la misma casa donde fue escrito, muy típico para engatusar a los turistas, y conmigo pudieron. De todas formas, me costó 10€, más o menos lo mismo que hubiese costado en una librería, así que no me salió tan caro el capricho.

Callejón del Oro
Seguimos con la visita del castillo sin saber muy bien dónde estamos, abandonamos el Callejón del Oro y nos perdemos por las callejuelas hasta llegar al mirador desde donde se puede disfrutar de increíbles vistas de Praga. El tiempo parece acompañar de momento, por lo que ni la lluvia ni la niebla nos estropean el momento.

Malá Strana desde el mirador del castillo
Praga desde el mirador del castillo
Descansamos ahí unos minutos y volvemos a ponernos en marcha, esta vez rumbo al Palacio Real, parte del cual está en obras. La entrada a una de las partes está abarrotada y calculamos que habrá más de una hora de cola, por lo que nos decantamos por el lado antiguo del palacio. Entramos sin problemas con nuestro ticket de visita y pasamos al enorme salón principal, el salón de Vladislav. Desde ahí accedemos a las demás estancias del antiguo palacio, incluso a varias escaleras que por lo visto no están abiertas a las visitas y de donde nos echan en un abrir y cerrar de ojos.

Catedral de San Vito
Catedral de San Vito
Entrada al Palacio Real
Salón de Vladislav en el Palacio Real
Ya que hemos pagado entrada, decidimos aprovecharla a tope y visitar el último edificio que incluye: la basílica de San Jorge. No me parece gran cosa después de la catedral y el palacio, pero si tienes la entrada ya pagada merece la pena entrar para echarle un vistazo.

Basílica de San Jorge
Salimos de los límites del castillo y bajamos la colina por el lado opuesto, una larguísima cuesta repleta de artistas que intentan venderte pinturas y todo tipo de figurillas. Esta vez no caemos en la tentación y en menos de un cuarto de hora volvemos a encontrarnos en Malá Strana.

El castillo desde Malá Strana
Antes de salir de viaje habíamos mirado las atracciones turísticas de cada uno de nuestros destinos, por lo que sabemos que el palacio Wallenstein está a pocos metros. Sin embargo, no conseguimos dar con él hasta haber preguntado como mínimo cinco veces. Por fin nos aclaramos y encontramos la puerta y pasamos dentro. Damos una vuelta por los jardines, pero no nos entretenemos demasiado, queremos volver al albergue con tiempo, no hay ganas de correr detrás del autobús que va a Cesky Krumlov con las mochilas a cuestas.

Palacio Wallenstein
Pared curiosa en los jardines del castillo
Palacio Wallenstein, sus jardines y el castillo
El castillo desde los jardines
En cinco minutos nos plantamos en el albergue, pero al mirar el reloj vemos que nos queda mucho tiempo antes de que salga nuestro bus a las tres de la tarde. Como todavía es la una, decidimos emplear un rato a comprar los últimos souvenirs, cambiar euros por coronas y comprar algo de pan para nuestros ya legendarios bocadillos de embutido barato de supermercado. En nuestra calle hay varias oficinas de cambio, y tras comparar precios entramos en una que parece ofrecer un cambio decente. Já. No sé qué trampa tenía pero acaba dándonos 19 coronas por cada euro, en vez de 23 como indicaba el panel. Creemos que tapó el panel de los verdaderos cambios (los de compra de coronas), dejando a la vista solo los de venta, o algo por el estilo. Total, que nos percatamos del truco mientras está haciéndonos el cambio y le decimos que no, que nos hemos dado cuenta de lo que pretende y que nos devuelva el dinero. Inocentes criaturas. La señora se nos pone a gritar en checo, nos da nuestras coronas (perdemos 20€, el 20%, con la gracia) y se esconde en la trastienda, dejándonos a nosotras gritándole cual posesas reclamando nuestro dinero. La señora (de aquí en adelante conocida por el original mote “ladrona praguense”) nos grita y nos amenaza, o eso suponemos, ya que lo dice todo en checo. Ya sabiendo que no recuperaríamos el dinero empezamos a espantarle clientes advirtiéndoles de lo que nos había hecho. Conscientes de que no podemos arruinarle el negocio en diez minutos nos vamos con nuestro cabreo a comprar pan, ya se acerca la hora de ir a la estación.

Oficina del timo en cuestión (vendetta, vendetta xD)
De vuelta en el albergue, cogemos las mochilas y preguntamos a los recepcionistas por las conexiones de tranvías a la estación de autobuses. Nos aclaran todas las dudas, debemos coger un tranvía justo enfrente del albergue y bajarnos en Andel. Damos las gracias por todo, la verdad es que han sido muy amables con nosotras, y nos dirigimos a la parada de tranvía. Montamos un mini-show con la máquina de los billetes y ya con los tickets en la mano nos subimos al tranvía que nos lleva a las afueras. Tal y como era de esperar, los barrios de las afueras nada tienen que ver con el centro histórico: bloques de viviendas, enormes paneles publicitarios, cables, etc.

Estación de autobuses
Cerca de las dos nos sentamos en la estación de autobuses, donde preparamos nuestros típicos bocadillos. No tenemos mucha comida y nos quedamos con hambre, por lo que bajamos a la estación de metro a por algo de postre. Compramos unos dulces con forma rara que parecen una especie de donut pero con forma de espiral.

¡El resto del día (The Rafting Tales) en la próxima entrada!


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